31 May, 2010
EN LA FRONTERA
La situación estratégica de la ciudad de Córdoba hace de ella un lugar de encuentro de culturas a lo largo de los siglos. Los que están, los que llegan, los que pasan, los que quieren quedarse, los que vuelven… Una variedad que encuentra su reflejo en la producción artística cordobesa.
La llegada de Fernando III el Santo trae consigo la vuelta al cristianismo, a su liturgia y formas. Pero el arte que se encuentra y los artesanos que lo llevan a cabo hunden sus raíces en el mundo árabe. El paso del tiempo hará que también se vean influenciados por las corrientes llegadas de Italia.
No es fácil encontrar un modelo típicamente renacentista trabajado con la técnica propia de los musulmanes en tierra cristiana, los mudéjares. Un ejemplo lo encontramos en la iglesia de San Nicolás de la Villa en la capital cordobesa.
Resulta curioso comprobar el proceso de cambio que se vivió en la Córdoba del XV y XVI, en la que se empieza a introducir la estética italiana de una manera sutil, enmascarada en aquellas formas y técnicas más conocidas y familiares. Aporta una dosis de innovación, pero tratando de evitar la clara provocación que supondría el empleo de un renacimiento puro.
La belleza del resultado nos habla de la capacidad del hombre de abrir la mirada, enriquecerse de lo bueno que tiene el prójimo y de recrear así “hermosos lugares”.










